El fumador comienza, poco a poco, a tener una serie de síntomas que en muchas ocasiones no relaciona con el consumo de tabaco, pero que van disminuyendo su calidad de vida.
- Disminución de los sentidos del gusto y del olfato.
- Falta de aire cuando se realizan pequeños y medianos esfuerzos (subir escaleras, correr para tomar el autobús).
- Fatiga prematura al realizar ejercicio físico.
- Astenia y anorexia.
- Molestias gástricas (gastritis, ulcera gastroduodenal), y reflujo gastroesofágico (regurgitación del contenido gástrico hacia la boca).
- Sensación vertiginosa.
- Embotamiento cerebral.
- Cefaleas de predominio vespertino.
- Tos seca o productiva dependiendo de los años de consumo.
- Cambio del tono de voz, ronquera del fumador.
- Faringitis crónicas.
- Disminución de la libido (por disminución de la testosterona), e incluso impotencia. También se produce alteración en los espermatozoides.
- Coloración parduzca de los dientes con estrías verticales negruzcas.
- Gingivitis atrófica acompañada o no de piorrea.
- Dolor torácico difuso y pinchazos precordiales.
- Bronquitis estacionales cada vez más recidivantes.
- Aumento de la tensión arterial.
- Disminución de la libido.
|